Éste mes, en que El bosque de Boole cumple su primer añito, lo puedo celebrar con novedades: los ilustres editores de Sci Fdi, revista de literatura de ciencia ficción de la facultad de informática de la universidad complutense, han tenido a bien publicar mi cuento El bautismo de Pater Operator. ¿Y quién es el tal Pater Operator? Sólo lo sabrán leyéndolo, claro, que ya sería raro hacer spoilers de uno mismo. Sí les puedo revelar que oí de él varias veces, aunque nunca le conocí en persona. Era muy joven. Un niño, en realidad. Si alguna vez me dijeron su nombre temo que lo he olvidado. Su historia quedó perdida muy pronto. Tenía problemas en casa y un día desapareció de su colegio para poder atenderlos. Le imaginé valiente y responsable, y como tal he tratado de contar lo que supongo que hubiera sido su vida en un entorno histórico y ambiental tan agreste como su propia trayectoria. Si alguna vez lee el relato espero que perdone mi atrevimiento.
Y dado que estamos de doble fiesta he pensado que podemos sentarnos un rato y que cuente alguna curiosidad de la historia, igual que hacen los directores en los comentarios de sus películas en los DVDs. Sobre el título, ya les digo, tendrán que leerlo entero para saber del todo su significado.
La embarcación remontó el vuelo, envuelta en humo y llamas, sorteó una duna con una rápida maniobra y saltó en dirección a otro tiempo.
Lo primero que vemos es una nave. Acaba de salir de un violento combate y antes de que podamos conocer cómo es o quién navega en ella, salta en el tiempo. Me gustan estos contrastes. La gran literatura (y aquí pido perdón si esto suena a comparación con la mía) la utiliza constantemente. Don Quijote y Sancho están llenos de ellos, y gracias a sus diferencias se conocen mejor a sí mismos. Hamlet también juega con la balanza de la cordura y la locura, el amor y el odio. Es genial la sensación de estar leyendo una obra, pensar que has captado el género al que pertenece (con eso de una embarcación que vuela entre llamas, ya tenemos una buena pista; parece de aventuras) y de repente que se rompa lo establecido.
Malkiel contrajo el catalejo, se lo colgó del cuello y descendió por el mástil mayor haciendo uso de pies y manos
Bien, ya tenemos al héroe, que parece joven, ágil y decidido. Estoy contento con su nombre. Es hebreo, claro, que a mí siempre me infunde una buena dosis de respeto. Veremos más adelante cómo se llaman el resto de personajes.
Nevin, oficial de cubierta en el momento de la escaramuza, daba las órdenes para el desalojo de los muertos y orientaba el rumbo de la Tejedora
Pronto comprobamos una diferencia en los nombres del resto de personajes. No parecen hebreos, o bíblicos. Con esto trato de marcar una diferencia. Son nombres con cierto colorido, o eso espero, pero no son como el del protagonista. Malkiel es sólo un niño, pero ya compite en otra división.
Así que eso es lo que hiciste. —Gran Yrram hablaba sin emoción, balanceando su estructura metálica a derecha e izquierda para que el sol jugara con los destellos en sus extremidades.
Elipsis al pasado. Todo el cuento, como vamos a comprobar, está lleno de ellos. Siendo éste un relato donde la particularidad de la nave es que puede saltar en el tiempo, creo que jugar con los tiempos de las escenas es un punto a favor. Como vemos, tampoco el antagonista tiene nombre bíblico. Es un tipo raro, de hecho es un robot con bastante malas pulgas, y que trata a Malkiel con prepotencia, casi paternalista. Ha habido robots en la literatura desde hace mucho tiempo, así que no podría imaginar cuál ha sido la influencia para éste. Además trato de presentarle como líder de una banda robótica totalmente independizada de los humanos, sin relación con ellos, casi como una especie animal diferente, surgidos por generación espontánea, algo que ahora mismo no relaciono con relatos o novelas del género, aunque seguro que los hay.
Después de un rato de espera en una hamaca, Neguina se acercó a él con sus útiles de reconocimiento.
De las escenas en la hamaca, en cambio, sí sé cuál es su origen. Soy un gran fan de la película Master and commander, y la escena en la que el médico protagonista se opera a sí mismo me produjo una gran conmoción. Siempre he intuído, sin muchas referencias históricas, que los heridos convalecientes en una embarcación, tumbados en una hamaca muy poco firme y sin un hospital cerca, debían pasarlo bastante mal. Por supuesto hay sitios mucho menos asépticos, pero aún así, habitualmente lo he visto como una situación de bastante abandono, por mucho que uno tenga una tripulación pendiente de él.
Malkiel escupió al suelo y cuando los ojos de todo el mundo siguieron la trayectoria de su saliva y cómo el precioso líquido se secaba en la arena, pisoteó el pequeño charco con su bota de cuero.
Cuando escribí el cuento traté de imaginar un mundo de condiciones ambientales extremas, que ofreciera un espejo del extremismo de la vida de los personajes. Aquí encontramos un desierto tremendo, heredado, como es lógico, de Dune (también el que España sea el país europeo más amenazado por la desforestación), pero mi propósito, si es que llego a continuar las historias de estos personajes, es la de retratar otros ecosistemas distintos pero igual de duros: una taiga fría y estéril, una zona volcánica, etcétera, lugares que, en fin, no sólo sean interesantes por sí mismos sino que enmarquen bien la historia.
—Niño, entiendo que hables con tan poca educación, ahora que no tienes padres a tu cargo. Tendré que encargarme yo de que lamentes esas palabras.
No he leído mucha ciencia ficción reciente en la que salgan robots, pero siempre he tenido la sensación de que éstos han sido descritos siempre con la intención de diferenciarlos de los humanos. Incluso en películas como Blade runner puede uno notar diferencias sutiles, una cierta frialdad al hablar. Las novelas originales de Philip K Dick son una excepción a esto, claro. El monstruo de Frankenstein, si lo consideramos una máquina, también. Con la personalidad de Yrram querría seguir por ese camino, en el que un androide habla y piensa exactamente igual que un hombre, incluyendo sus defectos y bravuconadas.
Desde la embarcación, los tres soles se alineaban en su anochecer progresivo, en diferentes tonalidades rojizas y terracota.
Después de escribir el relato leí en un periódico que según la Nasa los sistemas binarios hacían imposible la vida (al menos la similar a la humana) en ellos, ya que, al parecer este tipo de estrellas se desplazan a gran velocidad, generan poderosos campos magnéticos que a su vez producen vientos estelares. Las dos estrellas frenan sus órbitas y causan turbulencias en los campos gravitatorios de otros planetas, que pueden llegar a colisionar y generar grandes cantidades de polvo.
Pero qué bonito era el amanecer en Tattoine…
Albergo mis dudas sobre ti, Nevin. No tenemos laboratorio químico así que no son factibles los análisis tóxicos, una oportunidad fantástica para envenenar sin dejar pruebas a un herido grave pero no de muerte, como mi padre.
Los motines son otro clásico del género. Me sirve además para añadir un nuevo peldaño en el ascenso a la madurez de Malkiel, que primero ha debido superar sus propias heridas, luego asumir el inevitable desenlace de su padre y ahora enfrentarse a unos conjurados en su propia tripulación. Aquí va por debajo otra idea, muy personal, y es la generosidad trágica de Malkiel, un chico que lucha por salvar a su pueblo incluso cuando muchos de ellos le odien profundamente.
La sangre le corrió por manos y cara, provocándole escozores.
Para mí la violencia no es sólo algo terrible para la mente del que la provoca. También la imagino como un poderoso revulsivo físico, aunque uno salga indemne de ella. Y pese a que nuestro protagonista mata en defensa propia, estoy seguro de que esa sangre que le salpica debe hacerle sentir un profundo malestar.
Adriel, Kadmiel, sois los nuevos oficiales de puente.
Aquí llega la excepción a la ausencia de nombres hebreos en la historia. Adriel y Kadmiel son los hombres de confianza de Malkiel, instauran en cierto modo un nuevo orden, así que tenía sentido que sus nombres también estuvieran más próximos al del protagonista que a los de sus compañeros de viaje.
Entraron en el salón del pueblo de Yrram con un escalofrío. Las construcciones creadas por inteligencias artificiales siempre resultaban enormes, oscuras y frías.
Volvemos a las contradicciones, y es que Yrram y los suyos, seres prácticos como buenos robots, viven en lo que parece un enorme palacio. El espacio suena desproporcionado: ¿para qué quieren tanto un grupo de máquinas a las que bastaría con enchufarse por las noches para recargar batería? No se les ve en ningún momento festejar nada ni disfrutar de los placeres que el hombre necesita, y sin embargo viven con más lujo que ellos. Por supuesto que no lo explico, cada uno tendrá que pensar por qué el clan de Yrram imita en esto a sus odiados enemigos.
Eso déjalo de mi cuenta. Tockold quedará más que complacido.
Continúa el camino de Malkiel hacia la forja como héroe, ahora obligado a tomar acciones diplomáticas y de negocios. Ya le oímos algo más confiado (ese “déjalo de mi cuenta”) y hasta un pelín autosuficiente. ¿Sinceridad o farol? Pronto lo veremos.
He desecado vidas, he derramado sangre. Necesito expiar este pecado de alguna manera, pero sé que nunca voy a pagarlo.
De nuevo se recalca la sequedad del planeta, y un pecado gravísimo, el desperdiciar un elemento líquido, en este caso la sangre, en un mundo tan falto de él. El hecho de que fuera la sangre de unos tipos tan malos como la droga no es excusa para Malkiel. Y un detalle sobre la confesión de las dudas del protagonista, que un viejo sabio como es Ovadia debe calmar.
Malkiel obedeció y se postró de hinojos frente al viejo indicador de saltos temporales.
La tripulación de la Tejedora venera el único objeto que les promete algo de paz y de esperanza en el futuro; las máquinas que les transportan por el tiempo. Hay algo de ironía en que veneren estas herramientas, máquinas pasivas, que obedecen a sus dueños, y que se enfrentan contra máquinas rebeldes que en algún momento debieron tener su origen en el hombre.
Sabes que el fundamento del salto es la hiperaceleración en el tiempo. El flujo natural de las partículas es siempre hacia el futuro. Lo hecho no se puede corregir.
Una vez leí en un artículo la teoría de que era posible viajar en el tiempo, pero sólo hacia el futuro. Esta es la premisa de la historia: por mucho que avance la ciencia, Malkiel y su clan sólo podrán viajar hacia adelante, en una especie de huída sin fin, y nunca podrán deshacer sus errores.
De él cayó la joya de almas, embadurnada en aceite, aunque también de un líquido pastoso y negruzco que el pueblo de Malkiel identificó como sangre.
Llegamos al clímax de la historia. Empezó con violencia, fuego y miedo, y debe terminar con una escena que supere la fuerza de esa primera imagen. Cuestión de ritmo. Si en ese primer párrafo la narración mostraba un “plano general” de la nave en su agonía, ahora nos centramos en un “primer plano”, un poco gore, en el que la piedra de almas vuelve a Malkiel, casi como si tuviera vida propia.
Neguina, las piernas de Yrram serán las mías de aquí en adelante, debes implantármelas.
Asistimos, finalmente, a los últimos pasos en la madurez de Malkiel. Vencedor sobre su enemigo, figurada y literalmente, pues se encarama sobre él, el niño culmina su evolución física al reclamar que las piernas del androide suplanten las suyas, destrozadas. Por último se bautiza a sí mismo, reescribiendo su propia historia como padre (Pater) de su clan, y asume el liderazgo sin disensiones. Su visión de sí mismo ha cambiado. Él mismo, aunque sea empujado por las circunstancias, es el motor de su renacer.
Hablad. Vamos, hablad.
Decía Stephen Hawking: “El habla ha permitido la comunicación de las ideas, permitiendo a los humanos trabajar juntos para construir lo imposible. (…) Con la tecnología a nuestra disposición, las posibilidades son infinitas. Todo lo que tenemos que hacer es seguir hablando”.
El silencio es sinónimo de censura, miedo y estancamiento, que es sinónimo de regresión. No hay mejor ejemplo de la victoria de un grupo de seres humanos sobre la frialdad de las máquinas, espero, y aún así me he resistido a explicar concretamente de qué habla este pequeño clan de gente asustada y pobre en aquella enorme y fría antesala palaciega. Mejor, como siempre, que los lectores lo imaginen.








