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Éste mes, en que El bosque de Boole cumple su primer añito, lo puedo celebrar con novedades: los ilustres editores de Sci Fdi, revista de literatura de ciencia ficción de la facultad de informática de la universidad complutense, han tenido a bien publicar mi cuento El bautismo de Pater Operator. ¿Y quién es el tal Pater Operator? Sólo lo sabrán leyéndolo, claro, que ya sería raro hacer spoilers de uno mismo. Sí les puedo revelar que oí de él varias veces, aunque nunca le conocí en persona. Era muy joven. Un niño, en realidad. Si alguna vez me dijeron su nombre temo que lo he olvidado. Su historia quedó perdida muy pronto. Tenía problemas en casa y un día desapareció de su colegio para poder atenderlos. Le imaginé valiente y responsable, y como tal he tratado de contar lo que supongo que hubiera sido su vida en un entorno histórico y ambiental tan agreste como su propia trayectoria. Si alguna vez lee el relato espero que perdone mi atrevimiento.

Y dado que estamos de doble fiesta he pensado que podemos sentarnos un rato y que cuente alguna curiosidad de la historia, igual que hacen los directores en los comentarios de sus películas en los DVDs. Sobre el título, ya les digo, tendrán que leerlo entero para saber del todo su significado.

Sci-Fdi llega a su quinto número

Sci-Fdi llega a su quinto número

La embarcación remontó el vuelo, envuelta en humo y llamas, sorteó una duna con una rápida maniobra y saltó en dirección a otro tiempo.

Lo primero que vemos es una nave. Acaba de salir de un violento combate y antes de que podamos conocer cómo es o quién navega en ella, salta en el tiempo. Me gustan estos contrastes. La gran literatura (y aquí pido perdón si esto suena a comparación con la mía) la utiliza constantemente. Don Quijote y Sancho están llenos de ellos, y gracias a sus diferencias se conocen mejor a sí mismos. Hamlet también juega con la balanza de la cordura y la locura, el amor y el odio. Es genial la sensación de estar leyendo una obra, pensar que has captado el género al que pertenece (con eso de una embarcación que vuela entre llamas, ya tenemos una buena pista; parece de aventuras) y de repente que se rompa lo establecido.

Malkiel contrajo el catalejo, se lo colgó del cuello y descendió por el mástil mayor haciendo uso de pies y manos

Bien, ya tenemos al héroe, que parece joven, ágil y decidido. Estoy contento con su nombre. Es hebreo, claro, que a mí siempre me infunde una buena dosis de respeto. Veremos más adelante cómo se llaman el resto de personajes.

Nevin, oficial de cubierta en el momento de la escaramuza, daba las órdenes para el desalojo de los muertos y orientaba el rumbo de la Tejedora

Pronto comprobamos una diferencia en los nombres del resto de personajes. No parecen hebreos, o bíblicos. Con esto trato de marcar una diferencia. Son nombres con cierto colorido, o eso espero, pero no son como el del protagonista. Malkiel es sólo un niño, pero ya compite en otra división.

Así que eso es lo que hiciste. —Gran Yrram hablaba sin emoción, balanceando su estructura metálica a derecha e izquierda para que el sol jugara con los destellos en sus extremidades.

Elipsis al pasado. Todo el cuento, como vamos a comprobar, está lleno de ellos. Siendo éste un relato donde la particularidad de la nave es que puede saltar en el tiempo, creo que jugar con los tiempos de las escenas es un punto a favor. Como vemos, tampoco el antagonista tiene nombre bíblico. Es un tipo raro, de hecho es un robot con bastante malas pulgas, y que trata a Malkiel con prepotencia, casi paternalista. Ha habido robots en la literatura desde hace mucho tiempo, así que no podría imaginar cuál ha sido la influencia para éste. Además trato de presentarle como líder de una banda robótica totalmente independizada de los humanos, sin relación con ellos, casi como una especie animal diferente, surgidos por generación espontánea, algo que ahora mismo no relaciono con relatos o novelas del género, aunque seguro que los hay.

Después de un rato de espera en una hamaca, Neguina se acercó a él con sus útiles de reconocimiento.

De las escenas en la hamaca, en cambio, sí sé cuál es su origen. Soy un gran fan de la película Master and commander, y la escena en la que el médico protagonista se opera a sí mismo me produjo una gran conmoción. Siempre he intuído, sin muchas referencias históricas, que los heridos convalecientes en una embarcación, tumbados en una hamaca muy poco firme y sin un hospital cerca, debían pasarlo bastante mal. Por supuesto hay sitios mucho menos asépticos, pero aún así, habitualmente lo he visto como una situación de bastante abandono, por mucho que uno tenga una tripulación pendiente de él.

Malkiel escupió al suelo y cuando los ojos de todo el mundo siguieron la trayectoria de su saliva y cómo el precioso líquido se secaba en la arena, pisoteó el pequeño charco con su bota de cuero.

Cuando escribí el cuento traté de imaginar un mundo de condiciones ambientales extremas, que ofreciera un espejo del extremismo de la vida de los personajes. Aquí encontramos un desierto tremendo, heredado, como es lógico, de Dune (también el que España sea el país europeo más amenazado por la desforestación), pero mi propósito, si es que llego a continuar las historias de estos personajes, es la de retratar otros ecosistemas distintos pero igual de duros: una taiga fría y estéril, una zona volcánica, etcétera, lugares que, en fin, no sólo sean interesantes por sí mismos sino que enmarquen bien la historia.

—Niño, entiendo que hables con tan poca educación, ahora que no tienes padres a tu cargo. Tendré que encargarme yo de que lamentes esas palabras.

No he leído mucha ciencia ficción reciente en la que salgan robots, pero siempre he tenido la sensación de que éstos han sido descritos siempre con la intención de diferenciarlos de los humanos. Incluso en películas como Blade runner puede uno notar diferencias sutiles, una cierta frialdad al hablar. Las novelas originales de Philip K Dick son una excepción a esto, claro. El monstruo de Frankenstein, si lo consideramos una máquina, también. Con la personalidad de Yrram querría seguir por ese camino, en el que un androide habla y piensa exactamente igual que un hombre, incluyendo sus defectos y bravuconadas.

Desde la embarcación, los tres soles se alineaban en su anochecer progresivo, en diferentes tonalidades rojizas y terracota.

Después de escribir el relato leí en un periódico que según la Nasa los sistemas binarios hacían imposible la vida (al menos la similar a la humana) en ellos, ya que, al parecer este tipo de estrellas se desplazan a gran velocidad, generan poderosos campos magnéticos que a su vez producen vientos estelares. Las dos estrellas frenan sus órbitas y causan turbulencias en los campos gravitatorios de otros planetas, que pueden llegar a colisionar y generar grandes cantidades de polvo.

Pero qué bonito era el amanecer en Tattoine…

Albergo mis dudas sobre ti, Nevin. No tenemos laboratorio químico así que no son factibles los análisis tóxicos, una oportunidad fantástica para envenenar sin dejar pruebas a un herido grave pero no de muerte, como mi padre.

Los motines son otro clásico del género. Me sirve además para añadir un nuevo peldaño en el ascenso a la madurez de Malkiel, que primero ha debido superar sus propias heridas, luego asumir el inevitable desenlace de su padre y ahora enfrentarse a unos conjurados en su propia tripulación. Aquí va por debajo otra idea, muy personal, y es la generosidad trágica de Malkiel, un chico que lucha por salvar a su pueblo incluso cuando muchos de ellos le odien profundamente.

La sangre le corrió por manos y cara, provocándole escozores.

Para mí la violencia no es sólo algo terrible para la mente del que la provoca. También la imagino como un poderoso revulsivo físico, aunque uno salga indemne de ella. Y pese a que nuestro protagonista mata en defensa propia, estoy seguro de que esa sangre que le salpica debe hacerle sentir un profundo malestar.

Adriel, Kadmiel, sois los nuevos oficiales de puente.

Aquí llega la excepción a la ausencia de nombres hebreos en la historia. Adriel y Kadmiel son los hombres de confianza de Malkiel, instauran en cierto modo un nuevo orden, así que tenía sentido que sus nombres también estuvieran más próximos al del protagonista que a los de sus compañeros de viaje.

Entraron en el salón del pueblo de Yrram con un escalofrío. Las construcciones creadas por inteligencias artificiales siempre resultaban enormes, oscuras y frías.

Volvemos a las contradicciones, y es que Yrram y los suyos, seres prácticos como buenos robots, viven en lo que parece un enorme palacio. El espacio suena desproporcionado: ¿para qué quieren tanto un grupo de máquinas a las que bastaría con enchufarse por las noches para recargar batería? No se les ve en ningún momento festejar nada ni disfrutar de los placeres que el hombre necesita, y sin embargo viven con más lujo que ellos. Por supuesto que no lo explico, cada uno tendrá que pensar por qué el clan de Yrram imita en esto a sus odiados enemigos.

Eso déjalo de mi cuenta. Tockold quedará más que complacido.

Continúa el camino de Malkiel hacia la forja como héroe, ahora obligado a tomar acciones diplomáticas y de negocios. Ya le oímos algo más confiado (ese “déjalo de mi cuenta”) y hasta un pelín autosuficiente. ¿Sinceridad o farol? Pronto lo veremos.

He desecado vidas, he derramado sangre. Necesito expiar este pecado de alguna manera, pero sé que nunca voy a pagarlo.

De nuevo se recalca la sequedad del planeta, y un pecado gravísimo, el desperdiciar un elemento líquido, en este caso la sangre, en un mundo tan falto de él. El hecho de que fuera la sangre de unos tipos tan malos como la droga no es excusa para Malkiel. Y un detalle sobre la confesión de las dudas del protagonista, que un viejo sabio como es Ovadia debe calmar.

Malkiel obedeció y se postró de hinojos frente al viejo indicador de saltos temporales.

La tripulación de la Tejedora venera el único objeto que les promete algo de paz y de esperanza en el futuro; las máquinas que les transportan por el tiempo. Hay algo de ironía en que veneren estas herramientas, máquinas pasivas, que obedecen a sus dueños, y que se enfrentan contra máquinas rebeldes que en algún momento debieron tener su origen en el hombre.

Sabes que el fundamento del salto es la hiperaceleración en el tiempo. El flujo natural de las partículas es siempre hacia el futuro. Lo hecho no se puede corregir.

Una vez leí en un artículo la teoría de que era posible viajar en el tiempo, pero sólo hacia el futuro. Esta es la premisa de la historia: por mucho que avance la ciencia, Malkiel y su clan sólo podrán viajar hacia adelante, en una especie de huída sin fin, y nunca podrán deshacer sus errores.

De él cayó la joya de almas, embadurnada en aceite, aunque también de un líquido pastoso y negruzco que el pueblo de Malkiel identificó como sangre.

Llegamos al clímax de la historia.  Empezó con violencia, fuego y miedo, y debe terminar con una escena que supere la fuerza de esa primera imagen. Cuestión de ritmo. Si en ese primer párrafo la narración mostraba un “plano general” de la nave en su agonía, ahora nos centramos en un “primer plano”, un poco gore, en el que la piedra de almas vuelve a Malkiel, casi como si tuviera vida propia.

Neguina, las piernas de Yrram serán las mías de aquí en adelante, debes implantármelas.

Asistimos, finalmente, a los últimos pasos en la madurez de Malkiel. Vencedor sobre su enemigo, figurada y literalmente, pues se encarama sobre él, el niño culmina su evolución física al reclamar que las piernas del androide suplanten las suyas, destrozadas. Por último se bautiza a sí mismo, reescribiendo su propia historia como padre (Pater) de su clan, y asume el liderazgo sin disensiones. Su visión de sí mismo ha cambiado. Él mismo, aunque sea empujado por las circunstancias, es el motor de su renacer.

Hablad. Vamos, hablad.

Decía Stephen Hawking: “El habla ha permitido la comunicación de las ideas, permitiendo a los humanos trabajar juntos para construir lo imposible. (…) Con la tecnología a nuestra disposición, las posibilidades son infinitas. Todo lo que tenemos que hacer es seguir hablando”.

El silencio es sinónimo de censura, miedo y estancamiento, que es sinónimo de regresión. No hay mejor ejemplo de la victoria de un grupo de seres humanos sobre la frialdad de las máquinas, espero, y aún así me he resistido a explicar concretamente de qué habla este pequeño clan de gente asustada y pobre en aquella enorme y fría antesala palaciega. Mejor, como siempre, que los lectores lo imaginen.

La película de Roland Emmerich Anonymous, ficción conspiranoica isabelina, recupera la cuestión de la autoría de las obras de William Shakespeare. En sus doscientos años de vida, la peregrina polémica no ha pasado de ser una “duda razonable”, en un afán investigador colectivo digno de mejor causa.

Anonymous, aun siendo ficción, parece tomarse a sí misma demasiado en serio. El realizador alemán hasta amenaza con un documental sobre el tema para enseñar en las escuelas, lo cual me produce escalofríos por el cuerpo y me hace pensar que quizá valga la pena sacar la lupa y analizar sus objeciones, antes de que estas teorías lleguen a calar tanto como el creacionismo.

Repasemos el épico desenmascaramiento de Emmerich (o más bien de su guionista, ya que el director reconoce haberse documentado con “búsquedas en Google” y un par de DVDs):

1) No han permanecido manuscritos de obras, poemas o cartas

Primero: La ausencia de evidencia no equivale a evidencia de la ausencia. Dicho de otro modo: Amigos lectores, aunque ustedes no puedan verme, les aseguro que este blog no se escribe solo.

Segundo: Es probable que sus manuscritos se perdieran en el incendio del Globe Theatre de 1613, aunque incluso sin incendio tampoco hubieran durado mucho más. En su época, las obras teatrales no eran valoradas como alta literatura y los manuscritos sólo eran una herramienta más de trabajo, como el guión de una película. Tampoco se conservan los manuscritos teatrales de contemporáneos como Kyd, Greene, Jonson, Chapman, Dekker, Heywood, Marston, Webster, Beaumont, Fletcher, o Ford.

Tercero: Suena raro, pero hubo un tiempo en que los escritores no se preocupaban de conservar sus textos, mantener una correspondencia rica, procurar su futura conservación o publicación, como Tolstoi, o hasta venderla por ebay. En la época isabelina el papel no abundaba tanto, y es probable que las cartas y manuscritos que sobrevivieron al incendio se usaran por la parte de atrás para apuntar la lista de la compra o la carta a los Reyes Magos.

Sobre el tema postal: aunque no haya cartas DE Shakespeare, sí se conocen cartas A Shakespeare, como las de su amigo Richard Quiney, lo que demostraría relaciones epistolares. Innecesarias para refutar que nadie sea escritor, por otro lado.

Resumiendo: ¿por qué iban a conservarse sus escritos de puño y letra? Es dudoso que pensara de sí mismo como alguien que fuera a ganarse fama y admiradoras con ellos. Hablamos de un trabajador de un negocio tan efímero como una representación teatral.

2) Sus hijas eran analfabetas

No es del todo cierto. De su hija Judith sólo se conserva una “marca” que utilizó en lugar de firma, pero de su hija Susanna sí nos ha llegado una firma de su puño y letra. Un poco tosca, pero escrita al fin y al cabo.

En todo caso, recordemos que hace cuatrocientos años eso de educar a las mujeres no debía estar muy bien visto, que luego se ponían a pensar y a traer de cabeza a sus esposos. Quién sabe si su hijo Hamnet hubiera corrido mejor suerte de no haber fallecido tan pequeño.

3) Su origen era humilde pero escribía de modo obsesivo sobre la aristocracia y parecía familiarizado con ellos. Su obra ridiculiza al hombre trabajador y enaltece a los poderosos

Emmerich y yo hemos debido leer a dos Shakespeares distintos. El que yo conozco trata a la nobleza de asesinos, corruptos, incestuosos y ávidos de poder. Por otro lado, su personaje Falstaff, caballero sin relación de sangre con la realeza, es todo un símbolo de alegría de vivir y buen humor, que deja en muy buen lugar a la gente sencilla, en todo caso mucho más positivo que los atormentados Lear, Hamlet, Macbeth y su terrible señora.

Imagino que el director germano tampoco ha leído con calma Hamlet, donde el enterrador es el único capaz de hacer frente y hasta superar al príncipe protagonista en ingenio y agudeza en sus reflexiones. O La tempestad, una crítica temprana al colonialismo.

4) Su grafía era muy pobre

Sería lógico que un autor cultivado tuviera una hermosa letra, fruto de muchas horas de escritura. Sin embargo, la evidencia de Emmerich se tambalea como la balsa de Robinson Crusoe. A falta de manuscritos de textos largos, apenas tenemos un puñado de sus firmas. Poca cosa para dictaminar si un señor escribe o no, sobre todo cuando sus seis firmas conservadas pertenecen a sus últimos 4 años de vida, cuando Shakespeare ya debía sufrir los achaques propios de su avanzada edad (cincuenta años, un abuelo para la época) y casi no escribía nada. Tres de ellas, de hecho, son las de su testamento.

Pero si es un pecado tener mala letra y ser escritor, HegelOscar Wilde o Nietzsche contarán con pocas piedras que arrojar.

5) No menciona la muerte de su hijo en sus obras, cosa que sí hubiera hecho un escritor de verdad

De nuevo Emmerich y yo debemos hablar de personas distintas. Porque no hace falta tener vista de lince para encontrar la relación entre la muerte de su hijo Hamnet, y la escritura, apenas un año más tarde, de una amarga y reflexiva obra sobre padres e hijos y sobre la muerte, la obra maestra del autor, casualmente llamada Hamlet.

6) No hay pruebas de que fuera a la escuela, aunque su trabajo demuestra gran cultura

Tampoco las hay que lo nieguen. El joven William, hijo de un comerciante exitoso, que gozó de varios cargos municipales importantes, vivía a cuatrocientos metros de la Stratford Grammar School, legalmente tenía derecho a asistir a ella con total gratuidad y hay referencias de que era muy buena, sobre todo en la enseñanza de los clásicos. Se sabe que mantenía un grupo de amigos de una gran cultura, como el escritor Ben Jonson y el editor Richard Field, gente que hablaba y escribía en latín, algunos de los cuales viajaron a Italia. En realidad, toda la sociedad victoriana estaba impregnada de la cultura italiana y no hacía falta viajar para conocerla.

Respecto al conocimiento de leyes, la posición mayoritaria de los críticos es que poseía los conocimientos habituales de una persona instruida de la época. Lo mismo pasa con la cultura grecolatina, en la que Ben Jonson aventajaba a Shakespeare. Al final tendremos que elaborar una nueva teoría conspiranoica alrededor de Jonson. (Y como hablamos de él, sepan que tampoco queda registro que pruebe que fuera a la escuela de Westminster.)

Lo que aquí estamos tratando de rebatir es por qué Shakespeare gozaba de una cultura, supuestamente, tan colosal. Esto es una exageración. Shakespeare era cultivado, sin duda, pero no omnisciente, y se ayudaba de libros y enciclopedias para trabajar, libros que no siempre eran perfectos. En Troilo y Crésida, ambientada en la Guerra de Troya, sus personajes aluden a ideas de Platón y Aristóteles. Suponiendo que esta guerra hubiera sido real habría tenido lugar alrededor del siglo XIII antes de Cristo, mucho antes del nacimiento de estos filósofos. En Un cuento de invierno, el autor atribuye a la ciudad checa de Bohemia una playa, cuando no tiene acceso alguno al mar, detalle que ya le fue reprochado en vida.

Una cosa más: Shakespeare tuvo, en un par de ocasiones, ayuda de un segundo escritor. Esto da pie a la posibilidad de que, cuando a Shakespeare le asaltara un duda, simplemente le consultara o incluso que dicho hueco fuera rellenado en la obra por ese individuo. Cosa que no le quita mérito, ¿o piensan ustedes que los Beatles tocaron los violines en Yesterday?

Así pues; Shakespeare cultísimo e inteligente, sí. Shakespeare, oráculo de conocimientos preternaturales, incapaz de error, pues no, oiga, que de eso no hay.

7) Shakespeare se retiró, volvió a su casa y nunca más volvió a escribir

No es verdad. Shakespeare no se retiró del todo cuando regresó a su casa entre 1610 y 1611. Escribió a medias con otros dramaturgos. En esas fechas terminó varias obras empezadas y escribió Cardenio (1612-1613), Enrique VIII (1613) y Los dos nobles caballeros (1613), las tres, al parecer, a medias con John Fletcher.

En todo caso, no sé qué habría de malo en dejar de escribir a una determinada edad. Rimbaud, J.D. Salinger y Juan Rulfo, entre muchos otros bartlebys, tendrían bastante que decir al respecto.

8) No hay documentacion de que saliera de Inglaterra y la tercera parte de su obra transcurre en Italia

Véase el punto 6, sobre la cultura italiana en Inglaterra, las posibilidades de una buena documentación, los amigos sabios y viajeros y etcétera etcétera.

9) Su estatua mortuoria inicialmente no le mostraba con pluma

Esa atribución se fundamenta en un texto escrito en 1656, cuarenta años después de morir Shakespeare, llamado Antiquities of Warwickshire y escrito por Sir William Dugdale, que recoge los detalles con mucha pobreza y errores de bulto, como que la obra fuera de alabastro cuando es de arenisca y el citar las inscripciones de la tumba con errores. Este libro fue escrito con rapidez y poca precisión, confiando en varios colaboradores, y fue muy criticado desde su aparición. Recordemos que hasta el siglo XIX y la llegada de la fotografía eso de la precisión de los grabadores en los retratos no estaba muy en boga, hasta el punto de que muchos artistas trabajaban de memoria, sin tener la obra delante. Ese grabado se creó aprisa, con inexactitudes y sin eficiencia.

De hecho fijense en la imagen de ese Shakespeare decrépito, esos angelotes fatalmente retratados, las proporciones incorrectas… si alguien era un mal autor en este asunto es el creador de la imagen. Esta obra no representa con fidelidad el monumento, de hecho tiene detalles barrocos, un estilo que no llegaría hasta dos décadas después de morir nuestro personaje.

Además, existe una placa en su tumba, colocada antes de 1623, en la que sí se le reconoce como autor. Más aún, todas las evidencias del siglo XVII, en forma de poemas, cartas y testimonios de la gente que pasó por la tumba de Shakespeare, lo recuerdan como el monumento a un escritor, representado como tal.

Como un huevo a una castaña, señora

Como un huevo a una castaña, señora

10) No incluyó sus libros en su testamento

¡Lo raro hubiera sido que lo hiciera!

Consideremos lo siguiente: de catorce autores de teatro isabelinos, sin contar al bardo de Stratford, sólo tres de ellos mencionan sus libros en su testamento, según el ensayo Playhouse Wills, 1558-1642. El mismo Francis Bacon, candidato a escritor shakesperiano en la sombra, tampoco los incluye, aunque sí lo haga de sus libros, y así sucedía con otros autores de los que se sabe que tuvieron grandes bibliotecas.

No tendría sentido que hablara de ellos, en realidad, ya que los derechos de las obras eran propiedad de la compañía y no suyos.

Supuestamente los libros no se ponían en el testamento sino en inventarios aparte, que habitualmente se perdían. En todo caso, en el testamento de WS sólo se incluyen detalles específicos. Ya que lo demás se repartía según el modo tradicional, que ni siquiera era preciso detallar.

Por ejemplo, Shakespeare sólo lega a su mujer Anne “su segunda mejor cama”, sobreentendiendo que un tercio de su propiedad también pasaría a ella de modo automático.

Es decir, su testamento no tenía, ni necesitaba, de una gran precisión. Y tampoco sería raro que sus herederos vendieran los libros y manuscritos del autor que no se salvaron del fuego, como en el caso de Mark Twain.

De todo hay en la viña de los anti-Stratfordianos, pero conjeturas aparte, Shakespeare es el autor más plausible porque es la más solución más simple, porque un montón de datos biográficos y de referencias de sus conocidos lo avalan, porque ninguna fuente de su época lo negó y porque ninguna prueba favorece con claridad a otro autor e incluso contradice tal posibilidad.

Yo veo un problema de base al asunto: el tratar al autor con unos códigos actuales y románticos, que lo encumbran como un Dios (qué digo un dios, ¡un semidiós!) de las letras y no como lo que era, un currante del mundillo teatral. A mayor idolatría, más ganas de echarlo abajo. No comparto esa locura, a favor o en contra, ni me parece demasiado sana… ni muy seria. Ni siquiera añade valor a las obras de Shakespeare, más bien las banaliza bajo un sustrato de polémica o las relativiza como si fueran excusas para destapar alguna conspiración.

Estas críticas no cuestionan a Shakespeare en sí, sino al mito, a la fábula del autor genial e insuperable. Es notorio que estas discusiones hayan surgido cuando el mito shakesperiano era ya un fenómeno universal, y no antes. Es decir, si hay realmente algo de cierto en que Shakespeare trabajaba de tapadera para Marlowe, Bacon, el duque de Oxford o los marcianos, ¿por qué ningún contemporáneo se lo planteaba, aunque fuera en correspondencias secretas? ¿Por qué un tipo tan bobo como Shakespeare ocultó tan bien el engaño? ¿Por qué todo el mundo esperó a que fuera un escritor de fama planetaria para tirar de la manta?

Ri-dí-cu-lo.

Esto es lo que en mi casa llamamos “el síndrome de Gran Hermano”: pienso una ocurrencia polémica, sin rigor histórico o científico, busco un canal mayoritario interesado, la suelto, amparado en que un pensamiento crítico es superior a una evidencia y si cuela, cuela.

Shakespeare es un autor inabarcable, magistral. He leído una decena de sus obras con inmenso gusto. Pero su estatus de mejor autor de la historia es una percepción azarosa y poco productiva. He aquí el meollo del asunto: el predominio, típico de la era digital, de la opinión sobre los hechos.

A riesgo de repetirnos, insistamos: Shakespeare no inventó de la nada. Casi todas sus obras son recreaciones de otras, se basan en hechos históricos o beben de la mitología, de libros de referencia o de fábulas. Como cualquier escritor competente, tenía los medios, la cultura y la inteligencia suficientes para hacer bien su trabajo. Mejor que bien; su obra es la de mayor riqueza léxica en lengua inglesa. Ni siquiera sus competidores contemporáneos se le acercan, y por tanto, poca sombra arrojan para arrebatarle la autoría de sus textos.

Si hoy Marlowe o de Calderón de la Barca, por hacer patria, lucieran la medalla de mejor escritor del mundo, nadie insistiría en estas detectivescas conspiraciones shakesperianas, y ahora debatiríamos por qué Lope de Vega era tan culto si su padre era bordador.

Amigos, no se líen con versiones renacentistas del Código Da Vinci y lean a Shakespeare. O a Marlowe o a Goethe o a Cervantes o a Enrique Vila-Matas, si les apetece. Para el caso, cualquiera de ellos vale para alegrarse el día.

Fuentes: WikipediaLos eternos fantasmas de Shakespeare y The shakespeare autorship page

“Golpeó la mesa con la ficha de madera negra como solía hacer cuando estaba solo. Echó una ojeada al reloj de pared de la cocina. Las tres y media. Resopló. Los regalos de Vinnie siempre le hacían perder el tiempo. Primero el balón de baloncesto, al año siguiente la armónica y ahora el tangram. Le hubiera gustado que alguien le explicara la utilidad de colocar formas en la mesa. Todas sus imágenes eran confusas. Intentaba hacer un conejo y le salía una figura vagamente humana. Lo intentaba con un rostro pero no encontraba manera de dejar huecos para los ojos. No le gustaban los entretenimientos tan abstractos. Dejó el juego donde estaba, sin recoger, y corrió a vestirse. Al fondo, sirenas de policía.”

Así empieza mi relato “Una cierta forma de justicia, que han tenido a bien publicar en la revista argentina Nuevo Mundo, disponible en PDF en dos versiones, imprimible y para lectura en el ordenador. Todo un detalle para que cada uno elija lo que más le guste, y encima con el gran Cthulhu, ni más ni menos, en su flamante portada. No se puede pedir un mayor honor para este aficionado que se ha leído de Lovecraft hasta las firmas en sus facturas de la luz. La mayoría de ilustraciones de portada de otros números son estupendas, pero no es necesario que lo diga yo; podéis comprobarlo si curioseais sus ediciones anteriores.

La flamante revista NM

Con ustedes, la flamante revista NM

Da un poco de sana envidia pensar en la ciencia ficción argentina. No podría hablar de autores actuales, en activo, sin pillarme los dedos (salvo Angélica Gorodischer, de la que tengo un par de libros por casa), pero su tradición fantástica tira de espaldas. Han jugado, más o menos abiertamente, con el género, titanes como Borges, Cortázar o Bioy Casares. Palabras mayores. Los artistas de cómic no se quedan atrás, y salvo Quino, padre de Mafalda, sus glorias nacionales también han sentado escuela. Hablo de nuevo más como turista que como experto, pero yo colocaría en el trono del fantástico a Solano López y H.G. Oesterheld (la otra pata del posible tripartito sería el uruguayo Alberto Breccia) responsables de maravillas como Mort Cinder o el Eternauta, esta última una obra de tan firme compromiso político que le costó la vida al valiente Oesterheld en tiempos de la dictadura militar iniciada en 1976. Además, Argentina fue refugio de otros autores latinoamericanos como Horacio Quiroga o el mencionado Breccia.

Supongo que habrá una suma de razones para esta tradición, que parece más saludable allí que en España. A mí se me ocurre una, y es la profunda educación moral que la religión ha implantado en nuestro país desde hace ya muchos siglos, y por la cual es pecado hasta ir al baño. Argentina recibió la visita de los misioneros mucho más tarde, y quizá por eso están menos habituados a que un líder religioso trate de ponerles los pies en la tierra y alejarles de fantasías. Tampoco importa mucho a estas alturas. Mejor dejemos los análisis sociales para otra ocasión y alegrémonos de la enorme actividad de la ciencia ficción en castellano en internet.

Hoy en día San Google os podrá hablar mejor que yo del panorama actual. No os vais a quedar sin páginas: abundan las revistas gratuitas o con presencia en blogs en internet. Nuevo Mundo, NM para los amigos, es de las más veteranas. Nació allá por 1983, y tras un período como fanzine y su desaparición en los 90, consiguió una nueva vida en el ciberespacio, como bien corresponde a una revista de ciencia ficción. Comprobaréis que el traje metálico, si echais un ojo, le sienta muy bien. Espero que, en su forma de cyborg, goce de larga vida, mayor en duración que la de cualquier humano.

Siempre me han interesado los intercambios culturales entre autores, que yo imagino han sucedido desde que el primer griego puso una piedra en la primera polis. No hablo de autores de una misma disciplina sino de juegos y referencias de cualquier tipo, en cualquier ámbito. Hace no mucho le regalé a mi pareja un disco por su santo -sí, celebramos los santos y sí, regalamos discos- con las canciones que se tocaban en las obras de Shakespeare, escritas por autores como Thomas Morley o John Wilson y representadas en Othello, La Tempestad, Hamlet o el Rey Lear. Si conocéis la famosa Greensleeves, incluida en el disco, os podéis hacer una idea de a qué suena. Algo habría de interés del dramaturgo en amenizar un poco historias que, sobre todo en Hamlet, podían ser bastante largas, pero también en que sus versos y cancines aludieran a los sucesos de la historia, no sin cierta ironía, algo en lo que Hamlet es un experto.

Me puse a pensar, después de escuchar el disco, en los juegos y referencias literarias (tienen que serlo, no olviden que están en el Bosque de Boole) en el cine. Me vinieron a la cabeza tres películas, tres adaptaciones literarias que a su vez incorporaban guiños a otros escritores. Me acordé de ese fotógrafo pasado de vueltas que es Dennis Hopper en Apocalypse now, de Francis Ford Coppola, recitando If, de Rudyard Kipling, como uno de los poemas preferidos del comandante Kurtz. El fotógrafo sólo recita dos o tres versos, en nombre del propio Kurtz, el famoso poema completo, lo recordarán, decía:

Si puedes mantener en su lugar tu cabeza cuando todos a tu alrededor,
han perdido la suya y te culpan de ello.

Si crees en ti mismo cuando todo el mundo duda de ti,
pero también dejas lugar a sus dudas.Si puedes esperar y no cansarte de la espera;
o si, siendo engañado, no respondes con engaños,
o si, siendo odiado, no te domina el odio
Y aún así no pareces demasiado bueno o demasiado sabio.Si puedes soñar y no hacer de los sueños tu amo;
Si puedes pensar y no hacer de tus pensamientos tu único objetivo;
Si puedes conocer al triunfo y la derrota,
y tratar de la misma manera a esos dos impostores.
Si puedes soportar oír toda la verdad que has dicho,
tergiversada por malhechores para engañar a los necios.
O ver cómo se rompe todo lo que has creado en tu vida,
y agacharte para reconstruírlo con herramientas maltrechas.

Nuestro lema: Apocalipsis ahora

Nuestro lema: Apocalipsis ahora

Si puedes amontonar todo lo que has ganado
y arriesgarlo todo a un sólo lanzamiento ;
y perderlo, y empezar de nuevo desde el principio
y no decir ni una palabra sobre tu pérdida.
Si puedes forzar tu corazón y tus nervios y tus tendones,
para seguir adelante mucho después de haberlos perdido,
y resistir cuando no haya nada en ti
salvo la voluntad que te dice: “Resiste!”.

Si puedes hablar a las masas y conservar tu virtud.
o caminar junto a reyes, y no distanciarte de los demás.
Si ni amigos ni enemigos pueden herirte.
Si todos cuentan contigo, pero ninguno demasiado.
Si puedes llenar el inexorable minuto,
con sesenta segundos que valieron la pena recorrer…

Tuya es la Tierra y todo lo que hay en ella,
y lo que es más: serás un hombre, hijo mío.

No era ninguna tontería que Coppola introdujera la referencia. Kipling, mal que nos pese, sigue siendo un símbolo del colonialismo británico y la mentalidad entre estoica y altiva del mundo victoriano. Con esta alusión, el comandante Kurtz quedaba retratado como un dictador ensimismado en su propio mundo, ajeno a todo lo demás, un tipo que se cree superior y con derecho a conquistar una tierra, aunque también resignado a perderla un día, igual que los franceses de la plantación que aparecen en la película y simbolizan el pasado perdido.

Otra película, que casualmente comparte actriz secundaria (la francesa Aurore Clément), con un bello pasaje literario es El Sur, de Victor Erice, hermosa historia que ya tardan en ver si aún no lo han hecho. Toda la obra de su director, Victor Erice, es terriblemente literaria. Su primera película, El espíritu de la colmena, ya basaba su título en un libro del poeta Maurice Maeterlinck sobre la vida de las abejas.

En el tercer acto del guión de El Sur, nunca filmado, la protagonista, Estrella, realiza un viaje a los orígenes de su padre para conocerle mejor. Ahí descubre a su hermanastro, una persona que ha vivido al margen de su familia en el Norte. Con su encuentro se produce una suerte de reconciliación de las dos misteriosas vidas del padre de los niños, ignorantes una de la otra . Para sellar este reencuentro, Estrella regala el péndulo de su padre a su hermano y éste le da a ella un libro de viajes, el primero que Erice recuerda haber leído. Se trata de “Islas del sur”, de R. L. Stevenson, y sus palabras son las que dan cierre a la película. Es un texto melancólico sobre los exiliados, no sabemos si voluntarios o no, que buscan una vida mejor en otros lugares. Qué apropiado para un hombre romántico y derrotado como el padre de Estrella, y casi para toda una generación de españoles durante la dictadura:

“Hay en el mundo unas islas que ejercen sobre los viajeros una irresistible y misteriosa fascinación. Pocos son los hombres q las abandonan después de haberlas conocido. La mayoría dejan que sus cabellos se vuelvan blancos en los mismo lugares donde desembarcaron. Hasta el día de su muerte, a la sombra de las palmeras, bajo los vientos alisios, acarician el sueño de un regreso al pais natal, que jamás cumplirán. Esas islas son las islas del sur; cuentan que en ellas estuvo en tiempos el Paraíso.”

Más recientemente, en la obra a cuatro manos Correspondencia, cuando a Erice le tocó finalizar el original intercambio fílmico con una última video-carta para Abbas Kiarostami, lo hizo con estos bonitos versos de José Bergamín:

Lo que dice el viento, lo que dice el mar
me parece un cuento de nunca acabar.

Erice escribiendo, leyendo y dirigiendo

Erice escribiendo, leyendo y dirigiendo

Con ellos, Erice medita, algo sombrío, y remata con un estilo casi de fábula: la correspondencia entre los directores se había distanciado en el tiempo (más de un año tardó Kiarostami en responder) y el director español, algo frustrado por la falta de noticias, puso punto final con unos versos en los que insinúa lo frágil y subjetivo de las comunicaciones humanas.

Pero si hay un director literario por antonomasia ése debe ser el ruso Andrei Tarkovski, muy aficionado él a las referencias constantes a la literatura, la música y la pintura. Stalker, su película más redonda, incluye versos de compatriotas como Fyodor Tyutchev o su propio padre Arseny, famoso autor por derecho propio, con cuyo poema, que recitaba el protagonista, a punto de entrar en la habitación de los deseos de la Zona, a sus compañeros de viaje, les despedimos hasta la próxima emisión. Sean felices:

Now summer is gone.
And might never have been.
In the sunshine it’s warm.
But there has to be more.

It all came to pass,
All fell into my hands
Like a five-petalled leaf,
But there has to be more.

Nothing evil was lost,
Nothing good was in vain,
All ablaze with clear light
But there has to be more.

Life gathered me up
Safe under its wing,
My luck always held,
But there has to be more.

Not a leaf was burnt up
Not a twig ever snapped …
Clean as glass is the day,
But there has to be more.

¡Bang, bang, muñeca!

Seguro que orquestaron el trabajo meticulosamente. Por suerte, el único momento vulnerable de Henry era también el de ellos: en el aire, donde no podía valerse de sus músculos, de su inseparable Smith and Wesson o su escolta de gorilas. Henry tenía dinero, amasado tras años de presentar un programa exitoso. Esa noche, el cámara enfocó a los invitados, el mezclador preparó la cortinilla, la regidora repasó su pizarra y cuando el realizador dio paso a publicidad todos se abalanzaron sobre él. La pausa, pensó mientras se acurrucaba en el suelo y soportaba una brutal lluvia de golpes, no duraría eternamente. Anunciarían su ausencia mientras él, actor avezado, se hacía muy bien el muerto. Además, en cinco minutos la maquilladora entraría con la excusa de repasar a los ponentes con una navaja automática bajo la falda y la promesa de un millón de dólares. Entonces el verdadero espectáculo daría comienzo.

Esto de aquí arriba es “En el aire”, un microcuento que escribí para el certamen de TCM de relatos de serie negra y que quedó entre los finalistas. La serie negra, ya lo deberían saber, es uno de los géneros más divertidos y entretenidos que hay, al tiempo que te permite analizar los entresijos de una sociedad sin que los lectores se desenganchen ni una página. Puedes leer a autores clásicos, como Chandler, irónicos, como Chesterton, originales, como el Pynchon de “vicio propio” del que ya he hablado, e incluso a gente que sueles imaginar más próxima al género de las naves espaciales y los viajes por el tiempo, como Isaac Asimov o Ray Bradbury, que han hecho mucho y muy bueno por el mundo de los detectives y los crímenes; el primero con una extraña novela, “Asesinato en la convención”, que transcurre en un evento literario, el segundo con una serie de relatos juveniles de aroma a serie B y pulp, como el pequeño asesino o novelas ya de madurez como “La muerte es un asunto solitario” o “Cementerio para lunáticos”.

La serie negra es un género que perdurará siempre: es el cajón literario donde guardamos nuestros defectos y el análisis que hacemos de ellos, y donde, aunque el mundo sea injusto y corrupto, al final de cada historia se te concede un gramo de libertad y de optimismo, el del protagonista, que vive para contarlo (y seguir luchando). Según Jonathan Franzen la novela social ha muerto. Puede ser. Pero aunque pase de moda una obra en la que se critiquen asuntos contemporáneos, de primera plana de los periódicos, cosa por otro lado que no me extrañaría demasiado, y aunque ahora mismo esta labor de denuncia recaiga más en series de televisión como The Wire, nunca perderán su vigencia las historias de Philip Marlowe porque no se conforman con lo social sino que abarcan también lo humano.

Por mi parte, hice cuanto pude para meter en ese corto espacio los elementos típicos de la serie negra, cuantos más, mejor: la ambición, el dinero, la traición, las chicas, las armas y los guardaespaldas. El vocabulario, dentro de lo posible, también debía ceñirse a los moldes habituales, así que me esforcé por incluir bellas palabras como escolta, gorila, músculos, brutal y, claro, muerto. Escribir literatura de género es divertido. ¡Ojalá el certamen hubiera admitido cien caracteres más!

Si Kafka puede ser coronado, con toda justicia, como el autor que ha configurado el mundo espiritual del siglo XX, Thomas Pynchon tiene todas las papeletas para atribuirse el mismo galardón en el XXI.

Afirmar esto me supone un triple atrevimiento. Primero porque es difícil analizar la propia época sin perspectiva. Segundo porque el poco prolífico Pynchon apenas ha publicado dos novelas en lo que va de siglo. Tercero porque, hey, apenas he debido leer un uno por ciento de lo que se ha publicado en las últimas décadas. Él mismo, a tenor de su introducción autobiográfica en su Slow Learner parece un tipo humilde y se extrañaría bastante de mi conclusión. Sin embargo, fans de las quinielas, seguidme, juguemos un rato a los pronósticos y contadme los vuestros en los comentarios, si queréis.

Vivimos un mundo netamente pynchoniano. Un mundo que no ha perdido su buena dosis de angustia kafkiana ante la minimización del hombre frente a las corporaciones, pero tampoco exento de humor y capacidad satírica. En el que un artículo de física cuántica está disponible en un blog para todo el mundo… con matices. Su condición democrática es contradictoria y engañosa; libre a priori pero sometido a su buena fortuna en su posicionamiento en los buscadores, donde un complejo sistema de robots analiza cada dato de internet.

Gracias a las redes sociales, la entropía domina nuestros días. Entre esa maraña de información y desinformación, parece haber un hueco para los movimientos civiles, para que las historias personales tengan su cabida, otro gran tema de nuestro autor secreto preferido.

El propio Pynchon ha tenido la suerte de ser testigo de estos cambios aunque últimamente, parece refugiarse de ellos en lo que conoce, en los viejos días de los años sesenta, que retrata con cariño y algo de sorna en su última novela, Vicio Propio. Aún así lo imagino siguiendo las revueltas árabes o el movimiento 15-M, entre la emoción, la paranoia y el pesimismo, y de hecho en su obra más reciente encontraréis una referencia simpática a ciertos avances actuales que prefiero no desvelar.

La profesora Phyllis Gebauer, un cerdo-piñata y Thomas Pynchon haciendo el gesto de la paz

La profesora Phyllis Gebauer, un cerdo-piñata y Thomas Pynchon haciendo el gesto de la paz

Puede resultar contradictorio mantener todo esto cuando su obra transcurre siempre en el pasado (mason & dixon en el siglo XVIII, el arco iris de gravedad en la II guerra mundial, contraluz en las primeras décadas del siglo XX) y donde el presente siempre es reflejo de una generación anterior, como en vineland o vicio propio. He aquí otro gran acierto pynchoniano, en cuya reelaboración imaginativa de acontecimientos pasados se adelanta unos cuantos años a movimientos como la ficción histórica revisionista en la que vivimos (en la que se publican obras como Orgullo, prejuicio y zombies o Abraham Lincoln, cazavampiros).

Ante la dictadura de los mercados, verdaderos agentes de Gobierno en esta sociedad no completamente democrática, ¿quién no querría sobrevolar las apariencias como los Chicos del Éter hacen en su moderno zepelín, en la penúltima novela de Pynchon? Cuando Tyron Slothrop, otro héroe pynchoniano, se pierde en medio de la II Guerra mundial, lo manda todo al carajo y se dedica a vagar por centroeuropa y a trabar amistad con la cerda Frieda. ¿No es ese el mayor corte de mangas que puede hacerse al sistema?

En todo caso, lejos de mí atribuir alegorías a una obra tan rica como la del neoyorquino, único genio vivo de las letras inglesas actuales en mi opinión, junto a Cormac McCarthy. Ya os decía al principio que todo esto no era más que un juego.

Este mes se publica un relato de ciencia ficción mío en la revista Sci Fdi. ¡Gracias desde aquí a sus amables editores por admitirme de nuevo! Como está muy feo destripar historias, no contaré mucho, salvo que tiene mucho de literatura pulp, de avances científicos extremos y de viajes y situaciones al mismo límite. Sentí al escribirlo una buena dosis de pánico, por dos o tres motivos a los que uno se suele referir como retos, aunque para mí era más bien una sensación de”que-alguien-me-explique-cómo-rayos-sigo”. La medicina para la inseguridad, también conocida como “gato sobre las rodillas” debió surtir efecto, porque un buen día la pequeña Loreto de la historia alcanzó su destino, o quizá el destino la alcanzó a ella, el cuento se acabó, lo envíe a Sci Fdi, y aquí está.

¿Y quiénes son Sci Fdi? Lo explican bien en su nombre: ciencia ficción en la Facultad De Informática. De la Universidad Complutense de Madrid, para más señas. Éste es su cuarto número y chico, les queda de muerte. Me gustan esos editoriales tan ingeniosos, esas portadas tan retro (eh, la del número cuatro ¿no parece un guiño al Marty de Regreso al futuro?) y hasta su concurso de micro relatos tiene encanto: se llama “Byte” y restringe el número de palabras hasta 256, o sea (no me neguéis que es genial), 24. Echadle un ojo, que no decepciona.

Con ustedes, la revista Sci Fdi

Con ustedes, la revista Sci Fdi

Otro día podemos seguir hablando de las revistas de ciencia ficción. Según el legendario editor -y autor- Domingo Santos son el material más frágil del universo. Esperemos que con un poco de apoyo y entusiasmo este resista la erosión y se mantenga muchos años. Qué digo años, ¡eones!

Also starring: Sci Fdi, portada del número 2, muy al estilo de la añorada editorial Ultramar. Obra de Julio y Luis Septién del Castillo.

Llega el mes vacacional por antonomasia y el tiempo para leer. Y como de best sellers está el mundo lleno, y no andan necesitados de publicidad, ahí va mi envite. Sacad de la biblioteca, mejor hoy que mañana, El paraíso perdido, el poema de John Milton, autor y político del siglo XVII.

No os faltarán emociones fuertes si os atrevéis a dar el paso. Yo que, ay de mí, no he estudiado filología inglesa, lo he hecho, sin demasiadas secuelas. A cambio, Milton me ha regalado una buena ración de momentos interesantes. Como ese Satán que dispone una batalla en los cielos contra Dios, potentes y letales cañones incluidos. El retrato del maligno es fabuloso, y uno llega a empatizar con el ambicioso ángel caído, casi a modo de placer culpable, cuando jura con mucha dignidad:

´Better reign in Hell than serve in Heaven´

…o a compadecerle cuando a su regreso del infierno, tras tentar a Adán y Eva y ser castigado por Dios, todas las huestes infernales lo reciben con unos terroríficos silbidos de serpiente en lugar de aplausos.

Los juegos literarios con las serpientes son de lo mejor de la obra, y en algunos versos da la sensación de estar oyendo su pérfido lenguaje. No en vano Milton era ciego y afinaba el oído mejor que nadie. Aquí, la Serpiente pelotea un poco a Eva:

`… to come,
And gaze, and worship thee of right declared
Sovran of creatures, universal Dame´,
So talked the spirited sly Snake, and Eve…

El Paraíso Perdido tiene algo en común con muchas obras maestras, aunque no lo parezca a simple vista: sentido del humor. Aquí, un ejemplo en el que Adán culpa a Eva de su desgracia con un juego de palabras:

´O Eve, in evil hour thou didst give ear
To that false Worm…´

En todo caso, no se crean que Milton considera a Eva única responsable de que hoy en día no vivamos como reyes en el Edén, aunque en otro momento equipare woman con woe-man (“mal del hombre”). Pero ojo, que Adán tampoco se libra de culpa. Es más, Milton le carga con los siete pecados capitales, derivados todos de morder la manzana del Árbol de la ciencia.

Satán, planeando (en los dos sentidos)

Satán, planeando (en los dos sentidos)

Entonces, ¿cómo de bueno es este poema? Lo mejor que se puede decir de él es que supera la misma Biblia. Milton consigue justificar y explicar mucho mejor determinados actos, por ejemplo, la falta de sinceridad por la que Caín no era bien visto por Dios. Además incorpora un puñado de referencias en apariencia contradictorias con un texto bíblico y que sin embargo expanden y enriquecen la historia. Encontraréis a mansalva alusiones históricas, literarias (a Shakespeare, Ovidio, Dante…), mitológicas, geográficas, autobiográficas, esotéricas (alquimia y cábala sobre todo)… Además incluye la última actualidad científica de la época; la teoría coopernicana, que Milton añade sin que riña con la heliocéntrica y la creencia en Dios.

Pero sobre todo es un texto sincero y fenomenalmente escrito. Ved aquí como describe a Jesucristo, un fiel reflejo de la gloria de Dios, compasivo hasta el infinito por el negro porvenir humano:

Beyond compare the Son of God was seen
Most glorious; in Him all his Father shone
Substantially expressed; and in His face
Divine compassion visibly appeared,
Love without end, and without measure grace.

Magnífico poeta, el caballero. Si no fuera por Shakespeare, tendríamos un claro aspirante a mejor pluma de las letras inglesas sin muchos serios competidores. Anímense, y para los no filólogos como yo, recuerden, las notas a pie de página y las páginas web de ayuda son nuestras amigas.

Also starring: grabado de Doré, en su salsa ilustrando clásicos, como siempre. Copyright del afortunado que posea los derechos, si es que no son de dominio público.

“¡Gracias a Dios que no gané!”, suele reír Bob Dylan cuando se le pregunta por su cacareada candidatura al Nobel de las letras. Más allá del eterno debate sobre si se puede considerar un literato al bardo de Minessota, no voy a repetir lo que tantas veces se ha dicho, que las letras de Dylan son tan dignas de leerse como sus canciones de escucharse. Leamos para muestra Summer Days, una de sus canciones menos conocidas de Love and theft (2001), disco de gran reputación entre su extensa obra y que puede mirar de tú a tú a sus tremebundos discos de los sesenta. Al turrón.

El tema que nos ocupa, podría según las notas del libro de letras de Dylan publicado con gran lujo por Global Rhythm Press y Alfaguara, aludir al tema Some summer day de Charlie Patton, que su vez se parece a Sitting on top of the world, versionada por Dylan en los años noventa. ¿Servirán esos títulos como referencia para interpretar mejor la letra? Echemos un vistazo.

Summer days es un relato coral. ¿Su escenario? Un paisaje, a vista de pájaro, por la norteamérica pasada y presente. Encierra cada estrofa una mini historia sin principio ni fin. Dylan se reencarna en diferentes alter egos, de toda condición y clase, sobrevuela la realidad, se pone en la piel de vagabundos, reyes y campesinos casados con nativas americanas de sangre real. Algunas tramas parecen estar comenzando, otras suenan más a conclusión, las hay también que son un simple trozo de vida y al revés, algunas son el punto de giro de una trama que nos corresponde imaginar. Todas son igual de importantes y en todas el personaje habla con igual orgullo. Las referencias abundan, desde el Gran Gatsby de Scott Fizgerald a Confesiones de un yakuza de Junichi Saga pasando -toma Jeroma- al libro bíblico de los Salmos. Pero que nadie se moleste en localizar guiños cómplices, porque esas referencias se difuminan en la original amalgama dylaniana.

La letra va más allá del desfile de personajes y situaciones: por el antepenúltimo párrafo se podría inferir que Dylan navega como alma sin cuerpo por el inconsciente colectivo hasta recordar el mismo big bang con el que Dios da el pistoletazo de salida a las tribulaciones humanas. Como el judío errante -nunca mejor dicho-, Dylan parece haberlo observado todo desde siempre y es consciente de que la historia es circular, como insinúa cuando dice que el pasado se puede repetir, verso que justamente adapta un diálogo de Scott Fitzgerald. Hay una tranquila sabiduría en las palabras de Dylan, que llegaba a la sesentena cuando escribió la canción y que parece acostumbrado a este trasiego humano tan contradictorio. Aún así, en el estribillo el narrador se reserva la esperanza de encontrar sorpresas en la vida, en cualquier edad o situación. Amén a eso.
Ilustración inspirada en Theme time radio hour, programa de radio de Dylan

Ilustración inspirada en Theme time radio hour, programa de radio de Dylan

La música, sobre todo el fraseo de Dylan, es de órdago y su ritmo trotón, clásico pero también algo canalla no deja ni un segundo de respiro a solos o quiebros instrumentales que distraigan de lo esencial, pero como esto va de escribir nos centraremos en los textos. Y qué grandes son, con esas aliteraciones (“Cadillac car”) y esa manera de encajar versos de cualquier duración sin despeinarse (“Well i´m standing at the table and proposing a toast to the King”). Pasen y vean.

Días de verano, noches de verano que se fueron
Días y noches de verano que se fueron
Conozco un lugar donde aún se cuece algo

Tengo una casa en la colina, cerdos en el fango
Tengo una casa en la colina, cerdos retozando en el fango
Tengo una mujer de pelo largo con sangre de reyes indios

Prepárense todos, alcen sus vasos y canten
Prepárense todos para alzar sus vasos y cantar
De pie sobre la mesa hago un brindis por el Rey

Conduzco un Cadillac por los llanos
Todas las chicas dicen: “Tu estrella se extingue”
Mis bolsillos están llenos y me gastaré todo
¿Cómo dices que amas a otro si sabes que no hay nadie más que yo?

La niebla es tan espesa que impide ver la tierra
La niebla es tan espesa que ni puedes ver la tierra
¿De qué sirves si no puedes enfrentarte a un viejo potentado?

Suenan campanas de boda, el coro empieza a cantar
Sí, suenan campanas de boda y el coro empieza a cantar
Lo que luce bien de día, no reluce por la noche

Ella me mira a los ojos, mientras acaricia mi mano
Ella me mira a los ojos, mientras acaricia mi mano
Y me dice: “No puedes repetir el pasado”. Yo digo: “Cómo que no puedes? Pues claro que puedes”

¿De dónde vienes? ¿Adónde vas?
Lo siento pero eso no lo debes saber
Parece que se me pegó la espalda al muro de tanto apoyarme
Rómpeme el corazón otra vez y a ver si me trae buena suerte

Tengo ocho carburadores, chicos, y los estoy usando todos
Tengo ocho carburadores y chicos, los estoy usando todos
Pero voy mal de gasolina, el motor empieza a fallar

Mis perros están ladrando, debe haber alguien por ahí
Mis perros están ladrando, debe haber alguien por ahí
Cariño, mi martillo sigue dando, pero los clavos no entran

Si tienes algo que decir, suéltalo o calla
Si tienes algo que decir, suéltalo o calla
Si es información lo que quieres, la policía te dirá

El político se ha puesto las zapatillas de carreras
Será que se presenta a un cargo, no hay tiempo que perder
Ha estado chupando sangre del genio dadivoso
Pones los ojos en blanco, me andas achuchando

Parado junto al río de Dios, mi alma empieza a temblar
Parado junto al río de Dios, mi alma empieza a temblar
Cuento contigo, amor, para que me des un descanso

Me iré por la mañana tan pronto como las nubes se disipen
Sí, me iré por la mañana tan pronto como las nubes se disipen
Perforaré el tejado y te regalaré un incendio de despedida

Días de verano, noches de verano que se fueron
Días y noches de verano que se fueron
Conozco un lugar donde aún ocurren cosas

Al César lo que es del César: La letra de Summer days es, claro, de Robert Allen Zimmerman, aka Bob Dylan. La traducción es de Miguel Izquierdo y José Moreno. La ilustración es del portentoso Jaime Hernández. Mucho ojito con los copyrights y demás.

Comunicado

Bando oficial del cerebro del señor Matías a las unidades corporales. Según comunicado neuronal, Doña Rosita se encontrará en el perímetro sensible el fin de semana. El estado de enamoramiento se mantiene sin cambios. Rogamos prudencia en la conducción en los elementos intravenosos. La sangre fluirá más rápido. Los sentidos fallarán. El cerebro no podrá asegurar su correcto funcionamiento. Probabilidad de risa tonta del 90%. Se espera una leve mejora cuando don Matías efectúe la operación de entrega del anillo el domingo a las 18:00. Hasta entonces, maximizad la precaución. No podemos circular por vosotros. Muchas gracias.

PD. Relato del que suscribe, finalista en el V certamen de relatos breves de Cercanías Renfe. Para verlo en su ubicación original, aquí.

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