Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for 1 agosto 2013

Les voy a pedir que retengan en la memoria una imagen que voy a describirles. ¿Pueden hacer eso por mí? Piensen en un mexicano de noventa kilos y metro setenta de altura, vestido con una camisa sobrepoblada de bolsillos y unos pantalones bermudas, que trata de disimular que se precipita en la cincuentena con una juvenil perilla que ya clarea su piel oscura. Acaba de comer tres hamburguesas y se zamparía una cuarta, pero disimula el hambre con su segundo pasatiempo favorito: las máquinas de pinball.

Así que se persona en El Perro Hablador, una taberna de mala muerte en la que tienen la mejor máquina del género de todo Manhattan: bella obra de arte con ilustraciones de las historias de la cripta como tema. Y me refiero a las historias originales, no la horrorosa serie de los años noventa. Sus trampas y recovecos eran una obra de ingeniería. El bar, si os interesa, estaba en la calle 29 Oeste, cerca de la estación de St Penn, pero no os molestéis en buscarlo, cerró hace unos meses sus puertas a una multitud de fieles, de los últimos veteranos de las dos primeras guerras mundiales a las primeros ahogadores de penas etiquetados como Generación X, Y ó Z. Pero como digo, durante largos, felices años, esa fue la rutina de nuestro hombre.”

La bolsa de pipas, revista mallorquina, emblema de la editorial Sloper, tiene a bien publicar mi relato El alma de la fiesta, en su número 90, del tramo veraniego de julio-septiembre. Los dos párrafos que han leído ahí arriba constituyen el principio del mismo. Uno no puede sino sentirse lleno de alegría por haber sido aceptado en esta graciosa reunión de escritores, por primera vez en mi caso en una versión impresa, y casi tiene el reparo de no querer molestar al resto de la eminente concurrencia, algunos de ellos novelistas profesionales. Quizá por eso me he quedado en la seguridad de la última página, desde la que se puede observar al resto de invitados a la fiesta sin desentonar mucho, y decir hola al que quiera acercarse y tomar algo. Quizá también por eso me hice acompañar de un peso pesado, el mítico novelista Thomas Pynchon, que aparece en mi cuento, o no, según lo que al amigo lector le apetezca deducir.

Read Full Post »