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Archive for 1 noviembre 2013

De un tiempo -un largo tiempo- a esta parte se habla a menudo de esta crisis económica, que ya parece endémica, y se comparan los numerosos escándalos de corrupción política con los de otra época, la del siglo de Oro español, y más en concreto con la picaresca.

Equivocadamente.

Se oye hasta en los discursos de los pensadores más cultos. “¡Este es el país de la picaresca!”. De tanto hablar de este género literario, la frase se ha vuelto un pensamiento automático que repetimos mucho y pensamos poco. Y si comparamos circunstancias históricas, algo por otra parte muy sano, lo útil sería reflexionar acerca de ello y no repetir una idea como un refrán o letanía.

Qué duda cabe que el siglo XVII español consistió en un declive del imperio a la decadencia, en cuya caída seguimos y no estoy seguro que lleguemos nunca a recuperarnos. Me llama la atención, sin embargo, que siempre recurramos al Lazarillo de Tormes, a Rinconete y Cortadillo, a Guzmán de Alfarache y al Buscón don Pablos como figuras simétricas a los ladrones y traidores que nos gobiernan ahora y en el pasado, y que no necesito mencionar.

No acabo de entender por qué nos fijamos tanto en esos personajes de origen humilde, cuando no pobres de solemnidad, que más que causantes de la ocaso del imperio español más bien fueron sus víctimas. Por desgracia, de tanto hablar de ellos me temo que lleguemos a verlos bajo un punto de vista negativo, como si de malvados criminales se tratara, cuando el que suscribe, de encontrarse en su situación y sin otra salida posible, practicaría las mismas argucias que ellos, en principio porque uno tiene la mala costumbre de querer comer tres veces al día.
Lazarillo de Tormes, pintado por Goya

No es esto…

Decimos: “es la España de…” como el veredicto de un juez, como médicos que emiten su diagnóstico en el que, después de mirar por el microscopio, encontramos esa actitud en nuestro ADN, que es una patología irremediable, y así, evitamos buscar culpables con nombre y apellidos, y también personas, y pueblos, combativos y sin miedo a pensar.

No escucho a nadie criticar a Felipe III, al corrupto duque de Lerma, a Felipe IV o al Conde Duque de Olivares, y todos los que fomentaron el colonialismo, dipalidaron las arcas públicas en pos de la guerra o para enriquecerse, expulsaron a judíos y moriscos, vitales en la economía nacional, se postraron frente a una Iglesia intransigente y, quizá sin darse cuenta, arruinaron al país pretendiendo reformarlo. No soy historiador, pero tampoco hace falta una licenciatura en historia para darse cuenta de que los dirigentes suelen tener más responsabilidad en este asunto que la miserable clase baja.

Cuidado: no digo que exijamos una actitud marxista o apliquemos un pensamiento políticamente correcto a una sociedad doscientos años anterior a Marx y Keynes. Pero tampoco veo beneficioso que nos reduzcamos siempre a la moral del esclavo, a señalar al pobre que roba y no al poderoso que no le deja otra opción.

Quizá la clave consista en que en España una gran mayoría siempre nos hemos conformado con la miseria actual o pasada en vez de la lucha. Todo nos ha sido dado, no ha habido pelea por nuestros derechos. Por una vez, incluso en este blog literario, convendría ponernos menos en el lugar de los personajes de Quevedo y Cervantes y más en el de los artífices de la revolución francesa.
Retrato del duque de Lerma, por Rubens

…sino esto.

Ya es hora de cambiar el refrán, y con él nuestras actitudes. No vivimos en la España de la picaresca, amigos. Hemos vivido, y seguimos viviendo, en la España de la corrupción de los poderosos, la ineficacia del sistema y la triste aquiescencia de los ciudadanos.
Al César lo que es del César: Las dos imágenes de esta entrada vienen de Wikipedia y por tanto son de dominio público. Que quede claro.

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