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Archive for 1 diciembre 2013

De imprevisto, casi por sorpresa, Mónica consiguió el trabajo; tras varias conversaciones telefónicas insulsas, un par de intercambios de currículums por correo y una larga serie de respuestas ambiguas. Nunca hubo una confirmación oficial: un feliz día la llamaron para firmar del contrato, sin más.  En la fotocopia que se llevó a casa todo parecía correcto; todo salvo aquel detalle incómodo de no mencionar el sueldo o la duración real del empleo, que sólo indicaba “hasta fin de obra”.

¿Tanta expectación por agasajar a escritores desconocidos para ella y a incansables hordas de fans?, le preguntaban. Mónica respondía: “¡Pues sí!”. Porque, en medio de un largo y ocioso verano, era un acontecimiento singular… y divertido. No ignoraba que las semanas previas a la inauguración del festival no le faltarían encargos variados ni, una vez en marcha, las jornadas maratonianas, hasta la madrugada.

Así empieza Saludos del hombre del jersey, mi último relato publicado en la revista NM este mismo mes. ¿Les suena muy cotidiano, muy de andar por casa o hasta tirando a pedestre?
Muy bien, gracias, porque eso es justo lo que pretendía. Al principio, claro. Luego las cosas se tuercen, o eso espero.
Y ahora empieza mi rodeo. Decía David Simon en su conferencia el pasado mes de julio en la Celsius 232: “Que no te cojan escribiendo sobre algo de lo que no sabes“. Bien, por una vez creo que he seguido su consejo.
No sé hasta qué punto debemos dar a su afirmación la categoría de axioma. Cada género tiene sus reglas, y el fantástico no se guía por el realismo o la fidelidad a los hechos. Más que nada porque uno a veces tiende a escribir sobre hechos futuros que, por definición, no se pueden conocer. Mejor digamos que cada historia debe ser consistente y fiel a lo que su espíritu demanda. The Wire pedía un retrato de la verdad sin salirse un punto. Las novelas de Phillip K Dick, otra cosa muy diferente, (faltar a ella hubiera sido igual de malo) pero no cómo funciona una nave en el espacio, el efecto de la gravedad en Marte o las sensaciones precisas del LSD en el organismo humano.
Es más. Diría que tan poco recomendable es faltar el respeto en determinados géneros como permanecer demasiado fiel a ellos en otros. Incontables veces he escuchado, por ejemplo, alabanzas a 2001, odisea del espacio, tanto el film de Kubrick como la posterior novela de Clarke, acerca de estos logros. Bien, sí, el cosmos representado por estos dos genios ha sido el más generoso para con Newton y el resto de físicos.  Un punto para ellos, pero no es lo que a mí me fascina de esa historia sino el mensaje que subyace en ella, y que, ya lo saben, poco tiene que ver con el teorema de Tales o la ley de la gravedad. Es otra cosa, amigos. Algo que sólo unos visionarios con un tripartito en el alma de filósofos, poetas y científicos pudieron lograr.
NM, treinta números de ciencia y ficción

NM, treinta números de ciencia y ficción

Todo este rodeo para decir que sí, que esta vez publico un relato cuyo trasfondo sí he vivido en persona muy a menudo, porque transcurre en una convención de literatura con mucho en común con la Semana Negra o el Celsius 232, que he tenido el gusto de recorrer los últimos años. Lo admito, eso ha simplificado bastante su redacción. Si, además, lo hace mejor relato, o al menos más verdadero, lo dejo a su criterio. Disfruten.

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